Dicen que no hay mal que por bien no venga. Que ojos que no ven, corazón que no siente y que perro ladrador poco mordedor, que nunca digas de este agua no voy a tomar, porque a buen entendedor pocas palabras faltan. Y yo les digo, que del dicho al hecho, hay un buen trecho.
Y a decir verdad, es bien sabido que tengo miedo a lo que me dicen los sentimientos, siempre necesito una segunda opinión. Tal vez tener cerca un hombro amigo en el que llorar, una sonrisa dicharachera en la que sonreír y una voz pausada con la que charlar. No se me da bien elegir, por naturaleza, intento acapararlo todo. No me gusta tener una cosa y a la vez perder otra, pero lo cierto es que casi todo en la vida consiste en eso: ganar perdiendo.
Me cuesta pensar cada día en que en algún momento va a llegar mi fin, no quiero cambiar constantemente mi forma de vivir. Nos criaron para que tengamos miedo a todo, para que no pensemos, pero yo solo tengo miedo a tenerlo todo. E intento seguir, y suelo olvidar cosas que no tengo, y es que si me das tu amor, te juro olvidar cuerpos ajenos.
Soy consciente de mi problema, soy consciente y culpable, porque esta es la mierda que elegí, y por mucho que quiera cambiarla, la sigo eligiendo. No sé, será que me acostumbro a las noches de fiebre y las mañanas de resfríos, será que me gusta hacer un hueco en la cama, correrme, y fingir que estas a mi lado, que me abrazas, me cantas y me susurras cada palabra que no pude escuchar.
Cierro los ojos
amanezco en un piso oscuro rodeada de desconocidos, con las pupilas dilatadas y los corazones encogidos. Deseando morir con pinchazos en las sienes, tengo el cuerpo destrozado, pero para los otros tutti benne, lo estamos pasando genial y no puedo entender como. Ni la droga me hace parecer interesante a esos bobos, quiero estar sola, y me despido tímidamente. Abro la puerta y en cada escalón veo mis rastros, a penas puedo moverme, me nombran voces a lo lejos. El cielo parece una sombra y cortan los espejos, juro al aire que nunca voy a repetir algo así. No deseo la falsa y traidora felicidad del éxtasis. Pienso en mi familia, en tirarme a la cama, pa dormir un día entero y olvidar las jodidas fiestas dramáticas, las miradas se me clavan en mi misma, en la mandíbula con agujetas. Busco el corazón, pero ni mis latidos me respetan, todavía queda media hora de micro, un conocido me pregunta qué tal, mientras se nubla mi visión y pienso en el derrame cerebral. No me asusta demasiado, porque, ya me siento demasiado muerta. Y vi las caras de los muertos que hace que nada me estaba sonriendo, quiero ahorrar para empezar de nuevo con una tierra lejana.
No sé que es lo que me anima, no están cuando parecen insultarme las farolas, cuando pase a los 7.000 millones de habitantes del planeta, estoy a solas.
Cuando amanezco odiando un sol oscuro
entre extraños que no me aportan nada, cuando quisiera unos labios y punto, pero solo encuentro mandíbulas desencajadas. Y en mis pupilas los subtítulos "como salvarme, si tan poco se salva".
¿Sabes que es lo que me pone más triste?, pensar en los besos que no nos vamos a dar, en las cosas que no nos vamos a decir.. ¿Qué tontería, no?
Como se puede echar de menos algo que nunca paso..