miércoles, febrero 1

Confesión número 24

¿En qué momento me vas a partir el corazón?

No tenemos reloj, pero sabemos que es la hora de la mejora. Punto. Y que se jodan todos juntos.

- Estrella, ¿a qué viene todo esto?
- Y es que quizás hoy volví a experimentar una sensación de incomodidad. No es cuando estás mal parado, o mal sentado. Sino es la de que sentís que tenes un palito de madera en el pecho, y te están escarbando. Y buscan, y vos misma buscas algo ahí dentro que cambie tu puta existencia. Pero no encontras nada, pero igual seguís con la sensación de que te escarban el pecho a corazón abierto. Y por suerte no es dolor, sino incomodidad al ver que podes ser mío, pero no hay nada que lo haga posible.

No tengo ganas de sentir las huellas que tus dedos pueden dejar en mí. No quiero sentir tu calor. Ni tu esperanza que se esconde entre mis quizás. Ya no quiero sentir nada-
Quizás te quiero evitar y no puedo
y a la vez me estoy engañando
quizás estoy intentando olvidar algo que podría haber sido mío desde el principio.

- ¿Por qué, Estrella?
- Porque el deseo de tenerte nubló mi vista y no me dejó ver que hacía tiempo que mi reflejo no era el que inundaba tu mirada. ¿Entendes?

¿Razones? No tengo razones. No quiero sentir nada de tu parte, ni de la de nadie. No quiero. Duele y no quiero.
Aunque vos solo podes saberlas. Solamente en tu mente están hasta que llegue el día que decidas soltarlas con tal fuerza que me quiebre lentamente. ¿Lo más probable? Que te calles enternamente, que la verdad nunca salga de tus labios.. pero
¿sabes? hace poco creía que vos serías el que recompondría cada pedazo de mi ser. Quién sabe.. quizás el amor y el odio de los dos podría arreglar nuestros corazones rotos, o quizás mi propio dolor interno me hace negar que alguna vez llegaste a recomponerlo.
¿El problema? Me sostenes entre tus manos, y yo tengo miedo de que me dejes salir lentamente, como esa arena que se escurre entre los dedos, o quizás me dejes colgando entre hilos con los que calculas cada movimiento. Cada reacción. Cada beso. Cada caricia. Cada palabra. Cada mirada. Cada suspiro.

Haces que te odie, y que te necesite.
Y así de la nada, tengo miedo de que me alejes de vos.
Solo te pido que me digas que no es tu intención. Yo como una tonta me lo voy a creer como tantas otras cosas que me creí antes de que rompas esa barrera que nos separaba.