La competencia por demostrar el bienestar material esta a la orden del día. Desde la ropa que usamos o el auto que manejamos, hasta los famosos celulares, tenemos que tener lo último. Y si nuestro vecino tiene algo mejor que nosotros hacemos lo posible por superarlo.
Usamos de técnica: endeudáte, sufrí tensiones, viví en la inconsciencia, pero.. La vida es una máquina de deseos, el avance tecnológico no sirvió para mejorar la calidad de vida sino que nos inducimos a la acumulación de cosas que en realidad o no nos sirven o no son tan indispensables. Ademas, todo es tan rápido y cambiante, que lo que hoy tenes es inservible o anticuado en unos cuantos meses. No se trata de negar el avance tecnológico, pero tampoco esclavizamos por obtener esas "maravillas".
Acabamos con nuestro entorno natural, cada día se destruyen miles de hectáreas de bosques en el mundo para satisfacer nuestras necesidades, cada día contaminamos mas el ambiente, mantenemos guerras sin sentido, somos intolerantes, sucios y despiadados, nos enfrentamos unos con los otros, vivimos bajo una constante neurosis, no respetamos ni siquiera a nosotros mismos y muchos menos a los demás habitantes del planeta. Nuestros animales, que si viven en armonía con la naturaleza, no tienen valor para nosotros, como tampoco lo tienen las plantas y los arboles. Los problemas territoriales son grandes, el hombre se cree "dueño" de la tierra, sin darse cuenta de que su paso por acá es transitorio y su existencia apenas efímera.
Como si nos hubieran dado permiso, destruimos todo lo que nos rodea y llegó a tal grado nuestra inconsciencia que seguimos contaminando sin importarnos los cambios climáticos, el agujero de la capa de ozono, la desaparición de especies animales y vegetales.
Pero nada de esto nos conmueve. Es más fácil vivir en esta posición de inconsciencia que aceptar que somos destructores y depredadores.
Muchas veces hablamos de proteger a la naturaleza y señalamos lo mal que le hacen a los demás; pero ¿qué hacemos nosotros? ¿podemos realmente decir que vivimos en armonía con la naturaleza? ¿Acaso no consumimos productos cuyos procesamiento daña el ambiente como por ejemplo las toallas de papel, los jabones, los pañales descartables? ¿Acaso los productos que consumimos no están fertilizados y contienen fungicidas, que después cuando llueve van a parar a los ríos y al mar causando un gran daño al ecosistema? Y ni hablar de los animales que se crían para comer. La lista es interminable, pero lo que no podemos negar es nuestra responsabilidad en esto, al consumir todos estos artículos contribuimos a la destrucción y la contaminación. No se trata de adoptar una posición radical, ya que tomando en cuenta la superpoblación muchos de estos insumos son necesarios, pero hay algunos menos dañinos que otros.
A esta alta altura la tecnología no va a ser capaz de salvarnos si no tenemos una conciencia integral. Es urgente el retorno al orden natural, el respeto por la naturaleza, vivir de una forma sencilla y armónica. La conciencia ecológica debe traducirse en hechos. En nosotros esta exigir un alto a las autoridades, a la grandes industrias que contaminan. Si racionalizamos el consumo y buscamos alternativas mas respetuosas hacia la naturaleza, van a tener que reorientar sus políticas de producción.
Llegamos al grado de enajenación y la vida se volvió una carga tan insoportable que caímos en adicciones. Las drogas químicas son la forma más común de autodestrucción; crean la ilusión de que ya no tenemos que enfrentarnos con nosotros mismos. Pero hay otras adicciones no menos dañinas como la necesidad permanente del ruido a nuestro alrededor. La vida moderna ya no tiene casi nada de vida. Es un trajín acelerado, una monotonía que no nos permite ni desarrollarnos ni evolucionar. Cada día somos más insensibles al dolor ajeno, al drama y a la miseria que nosotros mismos provocamos.
La solución a estas mierdas está en nosotros mismos. Tenemos que despertar, darnos cuenta de que vivimos bajo la ilusión de una felicidad que en realidad no existe. Sacar a una persona su auto, sus tarjetas de crédito, su celular, su ropa de marca, su plata y nos enfrentamos a un pobre tipo que su único pensamiento va a ser el fracaso.
Tenemos que agarrar nuestros valores de nuevo, pero no desde na falsa e hipócrita moral. Se trata de valorarnos a nosotros mismos, de apreciar a los demás por el solo hecho de ser humanos, porque cada cual es un maestro en su disciplina, con más o menos experiencia. El día que actuemos así, la vida nos va a sonreír. En lo simple está la grandeza.