martes, febrero 7

Confesión número 28

La forma más rápida de quedarse sin amor es aferrarse demasiado. La mejor forma de mantener el amor, es darle alas.

Pero creo que yo me aferré demasiado, no sé... hay muchas formas de quererse, ¿sabes? Todo lo que haga en mi vida va a ser insignificante, pero es muy importante que lo haga.
Pero vos siempre seguiste en tu línea, de que nada iba a funcionar, de que era mejor no vernos, de que dejemos todo así. Nunca fui como ella, lo sé, no soy como tu mamá tampoco, no te puedo cambiar, ni hacerte madurar. Y tampoco lo quiero, no sé.. A mi me gustabas vos, no me importaban los demás. Tampoco me importaba si seguías pensando en ella, o si querías a otra. Pienso en vos seis veces al día, en el mismo instante que apareces en mi cabeza, nublas mi vista. Rompo la armonía de los ataques y enfados de saber que no puedo tenerte, de que no queres tenerme. Pero a pesar de las noches de tormenta como esta, seguís siendo mi única luz al otro lado del patio.
Hay gente que no te cambia la vida. Hay gente que sólo te cambia un día, que aparece ese día y consigue que no tires por el camino equivocado. Y esa gente también merece un reconocimiento. Yo te reconozco a vos. Porque cuando apareces me calmas. Consigo ver las cosas desde otro punto de vista. Y no sos el hombre de mi vida. No venís a salvarme. Pero tus palabras me ayudan a salvarme a mi misma.

Quizás no puedas llegar a entenderlo. No puedas entender en que instante las cosas pueden cambiar de rumbo. No voy a hablar de vos. Estoy hablando de mi. Quiero decirme todo eso que siempre dejo a un lado, porque quizá siempre termino quedando en segundo lugar. Y no podríamos engañarnos, vos no podrías poner cara de sorprendido y yo no podría fingir que no me escuchaste.
Pero no te lo quiero decir. No lo quiero decir porque todo esto está mal visto. Es como de cobardes. Y no quiero pensar que estoy siendo cobarde. Sé que te tiene que sonar extraño tanto cambio en mi comportamiento.. tenes que pensar que estoy loca o algo así. Y no te equivocas. Me estaba volviendo loca. Me daba miedo acostumbrarme a vos, a que un día despierte y no estés. Me daba miedo hacerte el hueco en la cabeza y que un día ese hueco lo tenga que llenar de tristeza. Me daba miedo, puro miedo. Y creo que no había ninguna palabra o acción que lo vaya a cambiar. Simplemente tenía que vivir con ese miedo.

El mismo día que decidiste que las cosas serían de esta forma, sentí la cama vacía. El silencio me corta la respiración. No suena el teléfono. El día que quisiste que esto fuera así, todo se quedo en el aire flotando. Y yo a penas me puedo levantar a agarrarlo. Vuelvo a guardar el dolor en la mesita y tus cosas en el cajón. Y a veces volves, y yo siento que es una alucinación, pero dejo que me roce, que me haga el amor, y que luego, como siempre, se disculpe y se vaya, sin ni siquiera darme un te quiero antes.