Eso fue lo que hice este tiempo. Engañarme a mi misma. Porque no es querer y no poder, es un querer y no ponerse. Tengo que empezar a hacer TODAS LAS COSAS QUE NO QUIERO HACER. Tengo que empezar a decidir, y estoy en las últimas.
Me esta devorando Febrero, el calor derrite las pocas neuronas que parecía tener, me hace hacer cosas estúpidas. Me vuelvo estúpida. Cosas que no sabía hasta hace poco que quería hacer, cosas de las que no me atrevía a decir. Me hace comportarme como loca adolescente, como un adulto suicida, me esta desnudando por dentro. Tanto sol no me deja ver la luz del faro.
No acabo nunca de estar segura. Insegura hasta la médula, si cabe.
Pero soy consciente de mis actos, de mis palabras, y hasta de mis defectos, ¡y qué defectos!
Algunos son tan visibles que eclipsan mis pocas virtudes, o eso pienso.
Espero, siempre hago lo mismo. Espero a que algo pase. No intento tan siquiera incorporar mis ganas, porque siempre es más fácil sentarme acá a esperar que algo pase. Me siento y compadezco a esta pobre chica que está tras el espejo. Esa chica de la que no me gusta nada..
O quizás sí, me gusta lo que quiere ser, pero no es.
Por no ponerse.
No puedo pensar en las cosas que quiero ser, en todo lo que necesito ver. Estamos siendo tan ciegos con nosotros mismos. Estoy siendo mi propia enemiga. Pero todavía sé que pensar, sé que hacer.
Me gusta leer, amo leer, me gusta la libertad de expresión y la libertad de elección. Me gusta sentarme en algo grasiento sin importancia y plantearme qué hago con mi vida, ¿me agarro el filetón con el especial de churrascos o la salsa de ketchup con ración de papas fritas? Quiero un alto colesterol.
Quiero comer jamón y choclos con manteca, y salchichas al queso. Quiero fumarme un Habano gigante en la sección de no fumadores. Quiero correr por las calles desnuda con el cuerpo untado en gelatina de color verde, leyendo una revista de Play-Boy.
- ¿Por qué, Estrella?
- Porque a lo mejor de repente me entran ganas de hacerlo y punto. No quiero ver el futuro.
- ¿Viste el futuro?
- Es una virgen de 47 años con un pijama color beis, que se toma su batido de pera y canta: soy una salchicha.. Yo no quiero eso para mí. Pero en todo caso es cuando entonces me quedo dudando en mitad de la calle, pensando si no será que confundo la realidad con el deseo. Quiero decir..
Que quizá se trate de esa persona, pero a lo mejor no. A lo mejor yo lo deseo tanto que lo invento entre la gente. Desapareciendo y apareciendo. Apareciendo y desapareciendo. Y no digo que quedara algo urgente por decir, algo pendiente. Quizás no sea eso. Quizás sea un deseo inconsciente. Y solo quiero encontrarme con el para decirle cualquier tontería. Quizás para recuperar un retazo de aquellos tiempos en los que éramos eternos y vulnerables. Quizás sólo para decir, ¿qué fue de vos en todo este tiempo? ¿qué fue de nosotros? ¿Qué fue de mí?
Y ese es mi error:
Mirar lo de ayer con los ojos de hoy, querer que las cosas vuelvan a ser igual
cuando yo ya no soy la misma,
como si se pudieran reciclar los suspiros, o dar el mismo beso por segunda vez.
Los mudos no gritan,
los sordos no ven la música.
Y con las cinco letras que se escribe tarde,
podes escribir ahora.
El amor que se fue, ese ya nunca vuelve. Y yo hace unos días tenía la esperanza, chiquita, pero la tenía, de que vos y yo volveríamos a comernos el mundo pedazo a pedazo, juntos.
Pero me doy cuenta de que no,
de que sólo me dan las ganas de querer vivir para siempre en esos atardeceres que teníamos, y esas ganas
son un error..
Quizás el tiempo sea sabio y este dolor haya merecido la pena, y realmente traiga algo bueno consigo.
- ¿Y cuál es tu objetivo, Estrella?
- Mi objetivo tiene que ser hacer click en el corazón de alguien. No tengo que planear mi vida, improvisarla. Tengo que decir que lo tengo todo..
Pero es que a veces encuentro en las páginas de un libro una vieja foto de la persona que amo, y eso me da un tremendo escalofrío, vuelo sobre el Atlántico a más de mil kilómetros por hora y pienso en sus ojos, y en su pelo, estoy en una celda mal iluminada y me acuerdo de un día luminoso, toco un pie y me enervo como una quinceañera, regalo un sombrero y empiezo a dar gritos.
A veces esperando en un bar a que vuelvas, escribo un poema en una servilleta de papel muy fino, casi que puede romperse, subo una escalera y pienso que sería hermoso que vengas y me violaras antes del cuarto piso, miro a alguien que me mira, y quisiera tener el poder necesario para ordenar que en este mismo instante, se detuvieran todos los relojes del mundo.
Aprendí que la mejor forma de que no me rompan el corazón, es fingir que no tengo.
Que la mejor forma de no caer, es no ilusionarme con altas expectativas.
Que la mejor forma de no sufrir, es no creer que algo es para siempre, que nadie se va a interponer, que el camino va a ser fácil y que todo va a salir perfecto, como esperaba.
Tengo que fingir que nada importa, y lo más importante, demostrármelo a mi misma.