lunes, marzo 12

Soy una sin sentido

Te llamé. Te pedí perdón. Te quería. Volvimos a hablar, a los pocos días volviste con tu ex. Y me rompiste el corazón.

Trate de disimularlo.
Hoy ya no estas con ella.
Tampoco conmigo.
Hoy se evaporan hasta las gotas que resvalan por el asfalto con el aliento que desprende tu boca. Y todavía quedan restos de tu aroma invisible incluso en mi piel. Insuficiente es cada uno de sus besos y caricias. Adictivos. Como si cada susurro que deslizaras por todo mi cuerpo hasta llegar a mi pecho. Como si el temblor de nuestras extremidades me recorriera tal escalofrío. Sigo sintiéndote cerca, acá.

Va a llegar el día en que te pongas a pensar que si un día no estoy, me vas a echar de menos, hasta mi caminar, mi despertar, mi forma de hablar, mi mal humor, mis quejas, mi estar mejor, mi pelo y mi voz.
Quiero entrar de puntillas en tu mundo, justo cuando estés distraído. Cuando estés solo, cuando no hay disfraz, cuando sos vos mismo, cuando te olvidas del mundo exterior y te dedicas a profanar el tuyo, el que no compartís con nadie, quiero verte como te despojas de tu impecable ropa de cinco días y tu piel se cubre con un jersey que ya vio desaparecer su color, pero sigue siendo tu preferido, que dejes libres tus pies y te apoderes del viejo sofá, enciendas la tele y seas el dueño del mando a distancia, quiero estar ahí cuando tus ojos cansados de un día complicado intenten mantenerse abiertos.

Soy una sin sentido

Me habías dado la importancia de partir las bisagras oxidadas de mi pecho. Me habías dado la oportunidad de sentir que tu boca era la hora del recreo. Me habías dado la oportunidad de olvidar por fin las dimensiones del olvido. Me habías dado la oportunidad de cubrir con tu ropa todo el suelo de mi cuarto. Me habías dado la oportunidad de ganar el regalo que hay debajo de tu ombligo. Me habías dado la oportunidad de conocer el lenguaje profundo de las manos. Me habías dado la oportunidad de que la piel sobrase al querer tocarte el alma. Me habías dado la oportunidad de poner mis caricias a tu nombre sin preguntar quién pudiera. Me habías dado la oportunidad de reventar de amor de que tanta pasión doliera. Me habías dado la oportunidad de recaudar en tu pelo fondos contra la soledad. Me habías dado la oportunidad y la felicidad.


Todos los días, al levantarme, recuerdo tus palabras. y mi cabeza (quizás mi mente) lo hace de tal manera que parece que estás a mi lado, a escasos centímetros, repitiéndomelas, una por una. Es tanta la sensación de cercanía que me quedo sentada al borde de esta piedra, con la cabeza mirando al agua, ojos cerrados, disfrutando de ese resquicio de voz dulce que me invade todo el cuerpo como la primera vez. Y tu olor se cuela en la atmosfera, y tu presencia se esfuma de mi subconsciente como el sol en verano. Debo de estar loca porque cuando miro al frente veo tu imagen y miro tus ojos y entonces me doy cuenta: el mundo puede venirse abajo si quiere. Y no quiero parpadear, porque sé que cuando lo haga se van a ir. Parpadeo. Se fueron.


"El amor es una forma de prejuicio. Amamos lo que necesitamos, amamos lo que nos hace sentirnos bien,amamos lo que nos es conveniente. ¿Cómo puedes decir que amas a una persona cuando hay diez mil personas en el mundo a las que amarías más si llegases a conocerlas? Pero nunca las conoceremos. Pero hay que tener en cuenta, de todos modos, que el amor sólo es consecuencia de un encuentro al azar. La mayoría de la gente le da demasiada importancia."