Nada me convence y nada me sacia.. no es que seas poca cosa para mí, es que yo me la complico tanto. Te necesito, pero es que ¿realmente te necesito tanto como pienso? ¿Realmente necesito amigos, familia, pareja, mascota, estudiar, trabajar? ¿es necesario todo eso? No sé.
Estoy sola, sentada escribiendo, pensando en qué escribir, pero igual escribo, y aunque todas estas palabras no te digan nada, para mi son un alivio. El aislamiento es el premio y recompensa, el pensamiento, para otros un día más de soledad y aburrimiento.
Antes de irme de tu casa, me vestí, me lave la cara, y me mire al espejo. Sabía que iba a ser la última vez que nos veíamos, pero en el momento no me importó. Mientras te veía dormir desnudo, te escribí una carta, en el primer papel que encontré y con el boli que andaba a medias. Escribí sobre todo lo que te admiraba, sobre lo bien que lo había pasado, y te pedí por favor que no me saques de tu vida. Te grité y te insulté pidiéndote por favor que me quieras, que era lo que más necesitaba en el mundo. Y hasta te escribí en la piel "No me saques de tu vida". Ignoraste eso, ignoraste todo lo que venía de mí, ignoraste mis llamadas, el beso por la mañana, la despedida, los papelitos que recorrían la vereda, las sábanas tiradas, los cuchichus manchados, y todavía más doloroso; me ignoraste a mi. Me tragué mis sentimientos y los vomité un domingo por la mañana tirada en la ducha, pensando en mi infelicidad, en que cada vez estoy más triste, como cuando soñas, te enamoras, te despertas y nada existe.
Pero es que quiero algo que me achuche con toda la fuerza, no creo en los hechizos, si en la magia del momento. Quiero versos maravillosos, y más sollozos.
"Veo esos gritos transformarse en poesía, en promiscuidad terapéutica, en arte urbano, en resaca, en ácido y demás evasores de la realidad, en muñecas cortadas y mocos salados y ganas de matar(se), en cartas de amor, en banderas pintadas con caras muertas y sonrientes, en fotos de paisajes, en aplausos, en dientes rotos. Veo esos gritos transformarse en belleza, veo esos gritos ser hermosos en sí mismos.
No encuentro a nadie que vea como yo, y es tan hermoso, como verte caer de ocho pisos de altura sobre el asfalto, como veinte mil ejemplares vendidos, como una madre abandonando a su familia, como aplausos de pie, como todo.."